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HISTORIA
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En
1521, Fernando de Magallanes, navegante portugués al
servicio de España, descubrió en su famoso viaje de
circunnavegación un inmenso archipiélago al que dio
el nombre de San Lázaro. Para ese entonces con el
beneplácito del papa Alexandro VI, Portugal y España
se habían repartido el Nuevo Mundo apenas descubierto 29
años atrás. La dominación de la Mar del Sur
.el Océano Pacífico. era de vital importancia para
ambos poderosos reinos, ya que quien lograra tal hazaña
sería, sin cuestionamiento alguno, "El dueño
del Orbe".
Europa había conocido y gustado
desde el siglo XIV del refinamiento de los productos orientales y
en algunos casos de la importancia estratégica de su
posesión, por lo que el descubrimiento y la colonización
de América replanteó la necesidad de establecer el
tan deseado contacto permanente con el imperio del Gran Kan, el
dueño de las islas de las especierías, las sedas,
las porcelanas, los exóticos perfumes, las gigantescas
perlas y la pólvora.
El comercio con Asia había
representado para Europa una aventura fascinante a partir de las
noticias y evidencias ofrecidas por Marco Polo, de ahí que
cualquier producto proveniente de aquellas remotas tierras no
sólo era altamente codiciado, sino también
adquirido a precios exorbitantes.
Por su posición
geográfica, la Nueva España era el sitio ideal para
intentar establecer el tan anhelado contacto, ya que lo que
España había pretendido al enviar a Andrés
Niño en 1520, y a Jofre de Loaiza en 1525, bordeando
África y adentrándose por el Océano Indico,
aparte de resultar viajes inmensamente costosos, se habían
traducido en rotundos fracasos; por ello, Hernán Cortés
y Pedro de Alvarado, apenas terminada la conquista de México,
costearon la construcción de varias naves que fueron
armadas en Zihuatanejo con los mejores materiales.
Fueron
éstas las dos primeras expediciones que intentarían
desde la Nueva España llegar a las costas Orientales; sin
embargo, y a pesar de las perspectivas de éxito ambas
fracasaron por diferentes razones apenas adentradas al Océano
Pacífico. Tocó al virrey don Luis de Velasco
(padre) intentar nuevamente en 1542 el temerario proyecto. Así,
costeó la construcción de cuatro naves mayores, un
bergantín y una goleta, que al mando de Ruy López
de Villalobos se hizo a la mar partiendo desde puerto de la
Navidad con 370 tripulantes a bordo. Esta expedición logró
llegar al archipiélago al que Magallanes había
llamado San Lázaro y que entonces fue rebautizado con el
nombre de "Filipinas", en honor del entonces príncipe
heredero.
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Sin embargo, el "torna viaje" o "torna
vuelta" seguía constituyendo el problema medular de
tales empresas, por lo que durante algunos años el
proyecto quedó suspendido para ser revisado, tanto en la
Metrópoli, como en la capital del virreinato de la Nueva
España; finalmente Felipe II entronizando, ordenó
en 1564 al virrey de Velasco preparar una nueva armada a cuyo
frente estarían don Miguel López de Legazpi y el
monje Agustino Andrés de Urdaneta, quien finalmente
estableció la ruta para regresar al punto de partida.
Con
el éxito obtenido a partir del retorno a Acapulco del
Galeón San Pedro, la nave comandada por Urdaneta, Europa y
el Extremo Oriente quedarían enlazados comercialmente por
México.
Manila,
fundada y gobernada por López de Legazpi, se convirtió
a partir de 1565 en territorio dependiente del virreinato
novohispano y fue para el Asia, lo que Acapulco para la América
meridional: "Ambos puertos reunían una serie de
características que los transformaron, sin dudarlo, en los
puntos comerciales donde circulaban las mercancías más
valiosas de su tiempo".
De la India, Ceylán,
Camboya, Las Molucas, China y Japón se concentraban en
Filipinas objetos valiosos de las más diversas materias
primas, cuyo destino final era el mercado europeo; sin embargo,
la formidable capacidad económica del poderoso virreinato
español, que compartía con su homólogo
peruano las primicias desembarcadas en Acapulco, poco dejaba a
sus ávidos compradores en el Viejo Mundo.
Los
países orientales empezaron a fabricar líneas
completas de objetos destinados únicamente a la
exportación, en tanto que productos agrícolas como
el arroz, la pimienta, el mango... se iban introduciendo y
aclimatando paulatinamente en los campos mexicanos. A su vez,
Asia recibía cacao, maíz, frijol, plata y oro en
lingotes, así como los "pesos fuertes" acuñados
en la Casa de Moneda de México.
Debido a la guerra
de Independencia, el comercio con Oriente dejó de
practicarse desde el Puerto de Acapulco y se cambió al de
San Blas, donde se llevaron al cabo las últimas ferias de
las mercaderías provenientes de las legendarias tierras de
Gran Kan. En el mes de marzo de 1815 zarpó de playas
mexicanas con destino a Manila el Galeón Magallanes,
cerrándose oficialmente 250 años de comercio
marítimo ininterrumpido entre la Nueva España y el
lejano Oriente. Los nombres de Catharina de San Juan, aquella
princesa hindú que llegara a radicarse en la ciudad de
Puebla, la famosa "China Poblana", y el de Felipe de
las Casas, mejor conocido como San Felipe de Jesús,
quedaron asociados para siempre con el Galeón de Manila,
la Nao de China o la nave de las sedas
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